Cuentos para la niñez

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Amigas para siempre
Cecilia Martínez Arriaga

Ceci Flores estaba por concluir sus estudios en la primaria “Benemérito de las Américas”. Tímida y reservada por naturaleza, no había desarrollado amistades verdaderas en esta escuela, aunque siempre se juntaba con su prima Rocío a la hora del recreo para compartir el lonche, por lo que todos sus compañeros las conocían como “las primas”.

A punto de entrar a la adolescencia, Ceci estaba ansiosa de tener amistades que supieran escucharla y por su parte, compartir el mundo de cosas que pasaban en su cabeza, sentimientos, sueños, anhelos y planes para el futuro.

Emocionada por el hecho de terminar la primaria, Cecilia pidió a su mamá que la inscribiera en la Secundaria “Flavio S. Sifuentes Medina”, una de las mejores instituciones de educación media en Matehuala, San Luis Potosí, donde había nacido al igual que sus progenitores.

Debido a la gran demanda de adolescentes que deseaban entrar a la “Flavio”, Ceci, su mamá Julia y su papá Enrique, tuvieron que hacer fila durante largas horas para recibir la ficha de inscripción que le daría derecho de realizar el examen de admisión a la discreta niña, quien pasó sin dificultad la prueba, ya que siempre había sido aplicada, bien portada y excelente hija única.

En el primer día de clases, Ceci se dirigió a su nuevo salón con su mochila rosa sobre la espalda, útiles nuevecitos y el flamante uniforme que le acreditaba como alumna de la bulliciosa secundaria.

Al igual que ella, Ceci advirtió que algunas chicas del salón estaban serias y reservadas, aunque la mayoría echaba relajo con la chamacada, reían y se llevaban a todo dar por ser vecinos o venir de la misma primaria.

Desde que la escuchó reir, jugar y prestar atención a la hora de clase, Cecilia congenió con Carolina, una chica morenita de baja estatura pero aguda inteligencia que la impresionó por su facilidad de palabra y sociabilidad.

Se dice que “Dios hace a las personas y ellas se juntan”. En poco tiempo, Carolina y Cecilia congeniaron y se volvieron buenas compañeras, confidentes y amigas.

Días después se sumaron como camaradas Diana y Zahira, quienes batallaban con las materias y algunas veces se distraían porque no desayunaban antes de ir a estudiar.

Generosas y buena onda con todos sus compañeros de aula, Ceci y Caro compartían lonches con Diana y Zahira, además de ayudarlas en las tareas escolares.

Con el paso de los dias, ya no fueron dos, sino cuatro amigas las que compartían secretos, tristezas, alegrías, enojos y hasta increíbles planes a mediano y largo plazo, además, el gusto por las pizzas y los helados estrechó aún más el afecto entre Zahira, Ceci, Caro y Diana.

La juventud es como pocas cosas en el mundo. El tiempo se volvió suspiro y los tres años de secundaria se fueron como agua, pero las cuatro amigas mantuvieron su amistad.

“Una para todas y todas para una”, las “Tres mosqueteras”, como les llamaban en la “Flavio” a las entrañables amigas, se dispersaron como semillas en el viento por circunstancias propias de la juventud, expectativas y diferentes proyectos de vida. Varios años después, Zahira y Diana se casaron, Ceci se metió a la Escuela de Ciencias de la Comunicación y Carolina dejó Matehuala para irse a vivir con sus tíos a Chicago.

No obstante, y a pesar de la caprichosa “rosa de los vientos”, a través de llamadas telefónicas, chat, correos electrónicos y uso de las redes sociales, las “Tres mosqueteras” siguieron siendo amigas para siempre.

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  • Artefactum
  • Cuauhtémoc #201
  • CP 78700
  • Matehuala, San Luis Potosí