Acerca de la poesía

Mónica Scaldaferro

¿Qué parte de vida gano y qué parte de muerte evito en mí con la poesía?

Interrumpe mis silencios, canaliza la sangre alterada, desconcertada; me reconcilia con mi historia, con lo que me pasa, con el universo que me rodea.

Con ella salvo al ser humano que soy, rescata su alma del frío de la insensibilidad y el egoísmo.

No me sirvo de ella para evacuar conflictos y sucesos de mi vida porque para mí no es un medio, una herramienta, sino el objeto al cual quiero llegar, encontrar, desentrañar, aprehender, enraizar, encarnar...

El sentido de mi escritura realiza un recorrido vital: escribo desde mí hacia la poesía.

En este trayecto, en esta intención de ir hacia su esencia es en donde se enarbola la crisis de incomunicación, que es solamente mía, irrepetible e intransferible.

Dios me ha concedido junto a la vida, el asombro, la libertad, el desafío, la palabra para recrear su naturaleza múltiple, diversa y magnífica.

Lo indispensable, la crisis, Dios… conceptos para nada únicos sino partícipes de una gran trama que se arquitecta a medida que vivo y escribo.

Es un deber que yo escriba.

La poesía me impone un deber que nace desde la propia condición humana.

El poeta (por respeto a sí mismo, a su dignidad y a su condición de ser humano) crea un lazo ineludible con el poema que lo presenta, lo prolonga, lo cuestiona, lo esclarece o enturbia y lo redime.

Todo poeta que asuma su condición de tal, debe inevitablemente hacerse cargo de su obra y defenderla con la palabra, sus actitudes y sus intenciones. Consciente de lo que hace con la poesía, imprime en su obra una identidad no adulterada, auténtica y reflexiva. Tiene claro que una palabra no responde al capricho de la casualidad o el azar momentáneo de sus “ejercicios de escritura” sino que emerge del sedimento móvil y fértil de su experiencia, de sus aciertos y desaciertos, del trabajo que plantea la búsqueda inacabada e inacabable de decir, de comunicar...

El poeta tiene esa condición de desprendimiento que permite despegar su obra de los cajones de su intimidad y aproximarla al otro, a los otros.

Es por los otros también, que ese deber lo obliga a no defraudarlos, a llenar o vaciar su asombro, a aproximarlos, a invitarlos, a desafiarlos. Son ellos quienes me juzgarán en segunda instancia por lo que he hecho con la poesía pero antes, mi conciencia, habrá sido juez.

Hablo desde mi propia medida, desde la dimensión que mis sentidos y mi mente crean, desde mi propia emoción que suele desbordarme.

No he experimentado la borrachera ni el abismo de la muerte; nunca he intentado escribir desde las sombras de la pesadilla ni en la locura. Necesariamente he escrito al borde de la urgencia cotidiana, sabiendo que todo puede entrar en un poema para arder, quemarse o esperar que el calor de algún tímido fósforo ilumine, quizás, alguna palabra.

PUERTAS DE ARENA
Mónica Scaldaferro
yaguaron ediciones
páginas 3 y 4

  • Artefactum
  • Cuauhtémoc #201
  • CP 78700
  • Matehuala, San Luis Potosí