Los Enemigos de Dios y del Rey

La percepción de los vecinos pudientes de Matehuala, Cedral y Real de Catorce, sobre el movimiento insurgente, 1810-1821

René Alfredo Torres Nava

Durante la primera etapa de la guerra por la Independencia de México, distintos puntos de la Nueva España, vivieron momentos de extrema violencia, homicidios, saqueos, miedo e incertidumbre, cuestiones que influyeron para que los peninsulares ejercieran acciones y representaciones sociales. En este artículo, se tiene como intención desarrollar un análisis sobre; ¿qué significación tuvo el movimiento insurgente para los peninsulares y criollos del norte de San Luis Potosí?, particularmente, los de Matehuala, Cedral y Real de Catorce, y examinar ¿cuáles fueron las manifestaciones sociales asumidas por dichas poblaciones ante el asedio de gavillas insurrectas?, ¿cuál fue el papel llevado a cabo entre este sector social frente al movimiento insurgente?, y por último ¿qué tipo de efectos económicos, políticos y sociales generó la guerra de Independencia, en las tres poblaciones?

Para llevar a cabo el tratamiento de dichas cuestiones tomo como modelo analítico ideas de la historia cultural y social, así como la interpretación de fuentes de primera mano, localizadas en el Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí, (AHESLP) como también en el Archivo General de la Nación, (AGN).

En la primera parte de este artículo se aborda cómo reaccionaron los peninsulares y criollos al saber la noticia del levantamiento de Miguel Hidalgo en 1810 y de la toma de San Luis Potosí, en el segundo punto, se describe cómo se vivieron los momentos de asedio por parte de las gavillas insurrectas en los pueblos de Matehuala, Cedral, y Real de Catorce, y cómo fue visto por los presbíteros de Matehuala, dicho movimiento.

Por último, cuáles fueron los efectos políticos, económicos y sociales de las tres poblaciones durante la guerra de Independencia, así como el ascenso político y económico de algunos peninsulares y criollos residentes en los tres poblados durante la guerra de Independencia.

Para analizar la forma como percibieron el movimiento insurgente los peninsulares y criollos de estos poblados, tomo como objeto de análisis la correspondencia de un comerciante peninsular avecindado en Real de Catorce, llamado Juan de Villarguide quien escribió a un amigo suyo, sobre las experiencias que le tocó vivir ante el asedios de grupos insurgentes a dichas regiones. En dicha correspondencia se perciben distintas emociones, como el temor, el odio y la incertidumbre, causadas por el levantamiento encabezado en su momento por el cura Miguel Hidalgo y los insurrectos de San Luis Potosí. Sobre esto me parece importante retomar los planteamientos de la historia cultural desde el ámbito de las representaciones, es decir, analizar a través de las emociones expresadas en una correspondencia, la forma de captar una realidad social1.

En este sentido, para Peter Burke, el estudio de la cultura puede ser abordada por medio de los símbolos los cuales están representados en la vida cotidiana, es decir, desde donde actúan los hombres de manera consciente o inconscientemente lo cual puede interpretarse como una aproximación al pasado de las distintas sociedades2.

Desde este enfoque teórico en este escrito se intenta interpretar la forma como simbolizaron, representaron y actuaron algunos vecinos residentes en los tres pueblos, ante la causa insurgente. Además de aludir cuáles eran sus intereses económicos y por qué actuaron a favor y en contra, durante la guerra de Independencia.

Acerca de algunos autores que han trabajado el miedo que generó la guerra de Independencia y el quebrantamiento del orden social suscitado por dicho movimiento, cito la obra de Eric Van Young, La otra rebelión. La lucha por la independencia de México, 1810-1821, la cual se puede considerar como un trabajo innovador ya que analizó las acciones de los grupos de abajo, es decir, peones de haciendas, operarios mineros, jornaleros, en la guerra de Independencia de México. Sobre dichos grupos Van Young se refiere a ciertos aspectos que trastocaron el orden social, como es el caso de los trabajadores que guiada por sus propios impulsos y deseos de venganza, se sublevaron contra los hacendados, mineros, comerciantes, entre otros, creando destrucción, saqueos y homicidios no sólo contra los europeos sino también contra los criollos, que en cierta forma representaban la opresión y el despojo del que eran objeto3.

De igual forma, el historiador Marco Antonio Landavazo, alude desde el punto de vista de la historia social el fenómeno de la violencia durante la Independencia de México. Sobre este asunto, dicho autor plantea lo siguiente; por qué se generaron distintas expresiones de violencia durante la guerra insurgente. Esto se reflejó en el asedio, ataque y ocupación de una localidad, seguida de amenazas e injurias, el saqueo y la destrucción, y finalmente el asesinato, sobre todo de los peninsulares. Landavazo señala que entre 1810 y 1815, al menos unas 70 localidades de las intendencias de Guadalajara, Zacatecas, San Luis Potosí, Guanajuato, México y Valladolid entre ciudades, villas, pueblos y haciendas, sufrieron el embate de grupos insurgentes que las atacaron, ocuparon, saquearon, arrasaron o incendiaron. En estos actos no sólo participaban los gavilleros, pues a menudo muchos vecinos, sobre todo de las clases bajas, se les unían en el pillaje, como ocurrió por ejemplo en Valladolid, San Luis Potosí y reiteradamente en Guanajuato4.

En lo que refiere a historiadores que han trabajado desde distintos conceptos, el papel de las élites, vecinos principales o jerarquías territoriales, en el marco del proceso histórico de la Independencia de México, destacan las obras de José Antonio Serrano Ortega5, y Juan Ortiz Escamilla6. El primer historiador explica el papel de las jerarquías territoriales en Guanajuato, ante la insurrección iniciada en 1810. Sobre esto, Serrano Ortega, reconoce que en principio el movimiento insurgente tuvo muestras de simpatía de las élites hacia el movimiento de Miguel Hidalgo, sin embargo, el radicalismo y el mal trato de la tropa de Hidalgo hacia los peninsulares, le hizo perder muchos adeptos tanto entre los patricios urbanos7, como entre los vecinos principales de los pueblos y villas.

Acerca de investigaciones historiográficas sobre el proceso histórico de la Independencia de México en San Luis Potosí y en particular aspectos sobre el norte de la misma provincia, destaca lo realizado por Nereo Rodríguez Barragán, Historia de la guerra de independencia en la Provincia de San Luis Potosí8. En esta obra el autor alude la insurrección en San Luis Potosí, comandada por varios religiosos de la orden San Juan de Dios, Carmelitas y franciscanos, como lo fueron los legos Herrera, fray Gregorio de la Concepción y fray Juan de Villerías, quien persuadió al capitán de lanceros de San Carlos, Joaquín Sevilla y Olmedo, de cambiar al bando insurgente y tomar la ciudad de San Luis, lo cual ocurrió el 10 de noviembre de 1810 por la noche. Sin embargo, la sublevación derivó en excesos, y de igual forma que en Guanajuato, ocurrieron saqueos y desorden que afectaron principalmente los establecimientos de los comerciantes. Cuatro días después llegó a la ciudad el mariscal insurgente José Rafael de Iriarte y Leitón, conocido comúnmente como cabo Leitón pero que se hacía llamar coronel comisionado del Excelentísimo General de América, quien ordenó el saqueó de las cajas reales, las particulares, el estanco del tabaco y los productos de las haciendas.

Partiendo de esta breve revisión historiográfica, en el siguiente punto me interesa describir, cómo simbolizaron algunos mineros, hacendados y comerciantes establecidos en Matehuala, Cedral y Real de Catorce, el movimiento insurgente, tomando como ejemplo sus emociones expresadas en distintas correspondencias. La interpretación de estas fuentes, permite visualizar la forma como se expresaron los momentos coyunturales, los cuales detonan los cambios en la vida histórica de los pueblos, como fue el caso de la guerra por la Independencia de México.

1. La percepción de algunos vecinos pudientes en Real de Catorce, Cedral y Matehuala, sobre el movimiento insurgente de 1810

Al tener noticia los vecinos pudientes de la llegada de los enemigos de Dios y del rey9 buscaron ponerse en defensa, sin embargo, el pánico de ser víctima de las cuadrillas insurrectas, como sucedió en Guanajuato y San Luis Potosí provocó la huida y protección de algunos vecinos pudientes del Cedral, Real de Catorce, Matehuala y Venado. En estas circunstancias los vecinos de los lugares mencionados buscaron protegerse y organizarse para enfrentar a los insurgentes en la villa de Saltillo al mando del general realista Antonio Cordero.

Según el testimonio de Juan de Villarguide la idea de unirse en la villa de Saltillo fue para formar una partida que permitiera reconquistar las provincias del norte potosino que habían caído en manos de Mariano Jiménez. Sin embargo, a pesar de reunirse un gran número de europeos en dicho lugar en donde permanecieron por más de dos meses no logró ponerse de acuerdo por distintos intereses:

Por más esfuerzos que hicieron algunos honrados patriotas para formar una partida, que auxiliada por alguna tropa del señor Cordero, podría reconquistar toda la provincia de Potosí, y llegar sin oposición a reunirse con el ejército de operaciones, fue imposible acordar las ideas de todos; cada uno quería que la partida fuese primero por el lugar en que había tenido su residencia o intereses; otros trataron de salvar sus personas y caudales embarcándose en la costa10.

Cabe señalar, que si bien los peninsulares reunidos en la villa de Saltillo al mando de Antonio Cordero, buscaron defenderse del asedio insurgente, la resistencia fue nula, Mariano Jiménez, quien iba acompañado con cerca de 11 mil hombres, quienes obtuvieron fácilmente la plaza, sin ningún tipo de defensa mayor, incluso el general Antonio Cordero quien era el jefe realista de la zona, huyó salvando su persona dejando desprovista la región norteña de Saltillo.

Cabe señalar, que si bien los peninsulares reunidos en la villa de Saltillo al mando de Antonio Cordero, buscaron defenderse del asedio insurgente, la resistencia fue nula, Mariano Jiménez, quien iba acompañado con cerca de 11 mil hombres, quienes obtuvieron fácilmente la plaza, sin ningún tipo de defensa mayor, incluso el general Antonio Cordero quien era el jefe realista de la zona, huyó salvando su persona dejando desprovista la región norteña de Saltillo.

Entre los vecinos pudientes de Real de Catorce, Cedral y Matehuala que se refugiaron en la villa de Saltillo y de los cuales tengo algunos registros, resaltan los siguientes11:

Al quedar los europeos refugiados en la villa de Saltillo a manos de Mariano Jiménez, éste los indultó y los dejó regresar a sus pueblos. Es así como los vecinos Juan de Villarguide, Jacobo María Santos, Manuel Abreu, Manuel Berdeja, entre otros, quienes tenían sus intereses económicos en Real de Catorce, Cedral y Matehuala, regresaron a dichos lugares, sin embargo, a dos leguas de llegar a Cedral fueron encontrados por una partida de insurgentes de más de 600 hombres, bien armados, de caballo, y de a pie quienes los atacaron y les robaron sus caudales, ropa, alhajas, y armas13.

El infortunio de los vecinos se convirtió en sangre ya que a Jacobo María Santos, lo lazaron por el cuello y lo arrastraron cruelmente, privándolo del uso de los sentidos a fuerza de palos y cuchilladas. Según el testimonio de Juan de Villarguide: "Al mismo tiempo cargó sobre nosotros aquella gavilla de tigres encarnizados, y nos ataron fuertemente las manos atrás. Llovían sobre nosotros las balas, palos y machetazos, después de amarrados e indefensos"14.

Entre la violencia desatada contra los españoles por parte la gavilla insurrecta, otro compañero de Villarguide nombrado Alejo encontró la muerte, por medio del maltrato: "El infeliz Alejo, cayó a mis pies atravesado de un balazo, y cuando clamaba por un confesor le respondieron allá te confesarás en el infierno con Lucifer, hereje, indigno, y pisándole el vientre y la cabeza le hicieron expirar"15.

Dicha gavilla hizo prisioneros a los peninsulares encontrados a dos leguas de Cedral a quienes condujeron al mismo lugar, a fuerza de palazos y golpes, encerrándolos en unos bodegos de forma separada. Así don Jacobo de los Santos y Juan de Villarguide, estuvieron a manos de los insurrectos un mes y después los trasladaron a Matehuala, en donde se enteraron de la noticia del arribo de Miguel Hidalgo a Matehuala, de lo cual se refirió de la siguiente manera:

Terrible noticia que el infame Hidalgo venía a Matehuala, desesperado y furioso por la batalla que tan completamente había perdido en puente de Calderón, en donde fue de los primeros que huyeron. Venía anticipando órdenes a los pueblos para que recogiesen a todos los europeos indultados y no indultados, y a su llegada los sacrificaba a su brutal odio16

Acerca de la forma como concibieron algunos vecinos el movimiento insurgente, Juan de Villarguide, escribió a un amigo suyo llamado Joaquín, relatándole las malas experiencias.

En dicha correspondencia se perciben sentimientos como el temor, el rencor, además tras sus líneas nos cuenta parte de las vivencias de algunos comerciantes de Matehuala y Real de Catorce como el mismo Juan de Villarguide, Jacobo María Santos, Berdeja entre otros. Para Villarguide la insurrección de Dolores, no duraría demasiado tiempo gracias a las hazañas bélicas de los realistas sobre los insurgentes, sobre esto escribió:

No creímos que el partido de Hidalgo prevaleciese más tiempo, así por las célebres batallas de las Cruces y Aculco, en donde fue vergonzosamente derrotado. Pero el movimiento se convirtió en un cúmulo de atrocidades y creció con tanta velocidad como la pólvora se inflama con el fuego y sus víctimas eran los inocentes europeos, ante la perversa plebe17.

Para el mismo Villarguide el movimiento insurgente quebrantó la ley que los unía recíprocamente en la sociedad y terminó con las mansiones de la paz y la quietud que se vivía entre los habitantes de este pacífico reino. En este sentido, el citado Villarguide también escribió su experiencia ante las gavillas quienes: "Los arrancaban inhumanamente de sus brazos de su familia, los encerraban en los más inmundos calabozos privándolos de todo humano consuelo, sin más delito que el de haber nacido en España. Se apoderaban de las riquezas que habían adquirido con su industria y con el sudor de muchos años"18.

Mapa 1. Derrotero del cura Miguel Hidalgo desde 16 de septiembre 1810 hasta marzo 181119.

Para los españoles la guerra causada por el cura Hidalgo era contra ellos por el solo hecho de ser españoles. Por lo cual los peninsulares buscaron unir lazos de fraternidad, como fue el caso de la unión española en Matehuala, Cedral y Real de Catorce. En este sentido, buscaron protegerse a través de comunicados en donde se estimulaban a unir lazos contra los insurgentes. Sobre esto me parece importante citar el siguiente escrito:

Reconozcamos nuestra dulces ideas de fraternidad y de unión que han labrado nuestra felicidad durante trescientos años, unamos nuestros esfuerzos para sacudir el yugo ignominioso que pretenden imponernos nuestros invasores y arremetemos impávidos los obstáculos que puedan presentarnos en la escabrosa senda en cuanto nos vemos empeñados20.

En este sentido, Miguel Hidalgo proclamó expulsar a todos los españoles y confiscar sus propiedades después del triunfo de la causa por ser extraños a la Nueva España21. No obstante, el temor de ser víctima directa de los sublevados creció cuando en San Luis Potosí los legos de San Juan de Dios tomaron partido insurgente y ocuparon la ciudad.

Sin embargo, cabe señalar que el temor se hizo más aviente para el comerciante debido a que según Villarguide los reos que se unieron a los insurgentes, fueron personas que sacaron de las cárceles, quienes estaban castigados por asesinos y otros males, en este sentido Juan Villarguide apuntó:

El 13 de noviembre supimos la sublevación de San Luis Potosí, concitada por unos legos de San Juan de Dios, y por más de cuatrocientos bandidos y reos de estado que sacaron de las cárceles, en donde esperaban el último suplicio por sus delitos; tales eran las gentes que hacían cabeza en aquellas gavillas de asesinos; los más viciosos, los más infames, los más ignorantes y perdidos, ¿qué resultados se debían esperar?22

También se presentó el caso de algunos vecinos pudientes y sus familias de Real de Catorce, Cedral y Matehuala, que al saber la noticia de la insurrección y los estragos ocurridos en Guanajuato, por parte del ejército insurgente, tomaron camino a las costas para embarcarse a su tierra natal. Entre los vecinos que se trasladaron a la costa para después embarcarse a España, tenemos el caso de Miguel María Ximenez, quien por la vía del Nuevo Reino de León llegó al puerto de Tampico desde donde, por mar, se trasladó a la Veracruz, para después embarcarse a su tierra natal23.

En lo que se refiere a los vecinos Juan de Villarguide, Jacobo María Santos, Manuel Abreu y Manuel Berdeja, quienes eran de los principales comerciantes de dichos lugares, fueron mandados pasar a cuchillo por los insurgentes, Blanca y Herrera. Según, el testimonio de Villarguide, su compañero, Manuel Berdeja fue muerto tras recibir tres machetazos que dividieron su cabeza en dos partes hasta el cuello. También en dicho testimonio refiere que once de sus compañeros fueron muertos en circunstancias parecidas, mientras él mismo se menciona como el resucitado, después de haber sido encontrado entre los cadáveres con signos de vida, por un religioso franciscano quien lo auxilió y lo trasladó con el cirujano de la tropa realista de García Conde, llamado Mariano Guames.

Cabe señalar que García Conde derrotó a las tropas insurgentes que huyeron de San Luis Potosí camino a Rio Verde, lugar en donde fueron derrotados. Mientras tanto, Villarguide se recuperó de las heridas y fue recibido en la casa de la familia Barragán y del mismo, Manuel de la Gándara, en donde vivía en el momento que escribió la citada correspondencia.

2. Asedio de gavillas insurrectas a los pueblos de Matehuala, Cedral y Real de Catorce

Después de la presencia de la primera planilla insurgente, Mariano Jiménez, Ignacio Allende y Miguel Hidalgo, en Matehuala, Cedral y Real de Catorce, se presentó en el mes de mayo de 1811 otra partida de insurgentes al mando Juan Villerías, lego del convento de San Juan de Dios en San Luis Potosí, quien conjuntamente con el capitán Joaquín Sevilla de Olmedo y el lego Luis Herrera, se apoderaron de la plaza de dicho lugar los primeros días noviembre de 1810.

Fray Juan de Villerías intentó tomar la plaza de Matehuala, cuando fue sorprendido por la división de infantería de Real de Catorce encabezada por el cura Semper y la división de Arredondo. En esta acción fueron muertos en batalla una gran cantidad de indios flecheros, otros fueron aprehendidos, y pocos lograron escapar. Según el testimonio del cura Semper, la mayor parte de estos indios que acompañaba la división de fray Juan de Villerías, manifestaron que participaron en saqueos y asesinatos de europeos de San Luis Potosí.

Sobre la acción contra Villerías por parte de las fuerzas realistas de Real de Catorce, destaca el siguiente comunicado en el cual se narra la derrota de fray Juan de Villerías, por parte de la División de Real de Catorce, comandada por el cura José María Semper y los Voluntarios Patriotas de Matehuala. También resalta el liderazgo contrainsurgente de los vecinos Teodoro Parrodi, quien era subdelegado en 1811, y apoyó a Jiménez, sin embargo después se retractaría y apoyaría la causa realista, Alejandro Zerratón, miembro de la Junta Municipal y el diputado de minería José Ildefonso Díaz de León, quienes dispusieron lo necesario en la Junta de Seguridad el día 13 de mayo de 1811, para la defensa y organización en contra de los insurgentes:

"A las dos de la mañana del día 13, la Junta de Seguridad del Real de Catorce, formaba por don Teodoro Parrodi, Don Alejandro Zerratón y don José Ildefonso Díaz de León, vecinos pudientes de Real de Catorce tuvieron aviso de que fray Juan Villerías se aproximaba a Matehuala y dispusieron lo concerniente a la defensa. Se pusieron a la cabeza de la tropa el cura don José María Barrera y don Bernardo José Suage. La poca infantería con pistolas y algunos fusiles se empleó en resguardar los cañones y la caballería con lanzas y terciados se previno para el avance. Al hacer al cura Semper un reconocimiento, en compañía del patriota Luis Cruz, se adelantaron los insurgentes; su grito de ¡Viva la América!, fue contestado con el ¡Viva España! Atacaron violentamente por la calle que va al pueblo, dando apenas tiempo a disparar dos veces el cañón que a su cargo tenía Sauge; pero la infantería y caballería se lanzaron sobre ellos con tal denuedo, que al cabo de una hora de lucha los pusieron en fuga, quedando en el campo tendidos cinco insurgentes, su general Villerías y el capitán de los indios flecheros, quienes eran alrededor de ochocientos hombres. Numerosos fueron heridos, cuya sangre se vio en todo el camino y les hicieron diez y seis prisioneros. Murieron en la acción varios oficiales y otros fueron presos. Villerías y su gente se retiraron hacia Matehuala después de un segundo combate en que se vieron envueltos con las tropas del teniente coronel Manuel de Iturbe e Iraeta. Villerías murió en acción y sería fusilado"24.

En cuanto a los reos confesos que acompañan a dicho insurgente, la mayor parte declaró venir de Palmillas y Tula, (Tamaulipas). La cuadrilla que acompañaba a Villerías reunía más de 600 indios y venían de participar en la batalla de Puente de Calderón25.

Posteriormente el 13 junio de 1811 el miedo y la violencia nuevamente se hicieron presente entre las poblaciones de Matehuala, Cedral y Real de Catorce, cuando arribó Bernardo Gómez de Lara. Sobre el asedio de este último cabecilla, el cura de Matehuala, Joaquín Zavala, utilizó algunos ritos católicos para aplacar el furor del inhumano invasor.

Sobre esto, tanto Joaquín Zavala y otro cura llamado Miguel Cortés le hicieron al cabecilla Gómez de Lara solemne recibimiento con repique, dándole agua bendita en la puerta de la iglesia, con capa, cruz y ciriales, para que le adorasen él y sus perversos compañeros, sin embargo, para el cura Joaquín Zavala:

No fue suficiente esta religiosa y humilde demostración de rendimiento para aquietarlo pues en ocho días que estuvo posesionado de este Valle y su Distrito, lo hostilizó con imponderable tiranía, saqueando las casas de los vecinos pudientes del lugar y jurisdicción, convirtiendo en lastimosas víctimas de su ira sanguinaria a algunos- patriotas honrados y beneméritos; no parando en esto su atrocidad y fuerza, pues con sacrílega irreverencia ultrajó el sagrado del templo, entrando hasta el presbiterio con espuelas uno de sus insolentes compañeros26.

A pesar de estos actos no fueron suficientes ya que según el cura Zavala: el perverso Huacal sacó los estandartes del templo cantando gloriosa victoria. Sin embargo, cuando entró el capitán realista Antonio Elozua a Matehuala sitió la casa donde habitaba el Huacal, y sacó los estandartes que tenía formados y los regresó al templo. En este sentido para los curas de Matehuala, las atrocidades que realizó el huacal no sólo representaban la violencia y el pillaje contra los vecinos pudientes de Matehuala y Cedral, también dicho cabecilla personificaba un sacrilegio, contra la religión, según el cura de Matehuala Joaquín de Zavala, la religión fue defendida con honores por el capitán Antonio Eluzua.

Durante los ocho días que permaneció el Huacal en Matehuala, cometió un gran número de asesinatos y obligó a los trabajadores de las haciendas cercanas a unirse a su fuerza. Sin embargo, el día 21 de junio de 1811 las fuerzas de Antonio Alozua ayudante mayor de Joaquín Arredondo y la división de Real de Catorce comandada por el cura José María Semper, dieron ataque a la cuadrilla del Huacal lo que propició más de doscientos muertos y cerca de doscientos prisioneros, hasta quedar derrotado completamente el Huacal y su cuadrilla, lo cual se puede leer en el siguiente testimonio:

Mucha carnicería con la artillería, fusilería y lanzas en el ejército enemigo, dejando tendidos en todo el lugar, según se reconoció, más de doscientos muertos y cerca de doscientos prisioneros, quedando completamente derrotada la infame y vil canalla de Guacal, quien escapó a uña de caballo, celebrándose, a consecuencia, solemne misa de gracias al Dios de los Ejércitos por la clemencia con que se dignó dirigirme tan imponderable consuelo con la venida de la libertadora división del señor Elozua, quebrantando las horribles cadenas con que nos tenía ligados a todos la tiranía del enemigo, quien tenía decretado que el mismo día 21 fuésemos degollados muchos de este Valle, no contento con los anteriores asesinatos, y sediento de sangre inocente27.

Después de la derrota en Matehuala, Gómez de Lara escapó en su caballo hasta que en el mes de noviembre del mismo 1811 fue capturado y fusilado por los realistas en San Miguel el Grande. Sobre las fuerzas realistas que enfrentaron a los insurgentes destaca la fuerza de Joaquín Arredondo quién fue el encargado de la zona norte de San Luis Potosí, después de que Antonio Cordero fue derrotado por los insurgentes.

Durante un periodo corto que comprenden los años de 1810 y 1811 los vecinos pudientes de Real de Catorce, Cedral y Matehuala, se enfrentaron a las consecuencias que trajo consigo la guerra de Independencia, de la cual se desataron dos episodios bélicos de importancia, la derrota de fray Juan de Villerías y el enfrentamiento contra el Huacal, sobre estas peripecias los vecinos pudientes de los tres lugares, vivieron, momentos de violencia, homicidio y saqueo.

3. Efectos económicos y sociales en Real de Catorce, Cedral y Matehuala, durante la Guerra de Independencia

Las consecuencias inmediatas por la guerra de Independencia en Real de Catorce, Cedral y Matehuala se manifestaron en momentos de crisis económica y social. En este sentido el trabajo minero en Real de Catorce, tuvo altibajos a tal grado que muchas de las minas que dieron buenos metales fueron abandonadas29. Según, Brian Hamnett la producción minera de la Nueva España durante 1811 a 1825 disminuyó aproximadamente una tercera parte, es decir de 8, 852, 472 a 2, 877, 213 marcos30. Por ejemplo, para el caso de Real de Catorce, el promedio anual de los diez años comprendidos durante la guerra de Independencia la producción en oro y plata juntas, disminuyó a 599, 400 cifra muy inferior a los 3, 500, 000 pesos del promedio anual anterior a 181031.

Así la prosperidad económica que se desarrolló tanto en Cedral y Matehuala, lugares dedicados al beneficio de mineral se vio afectada por la disminución en la producción de mineral de Real de Catorce.

En este sentido, algunos vecinos pudientes dedicados a la minería, abandonaron sus intereses económicos mineros por miedo de ser víctima de los insurrectos ante su inminente arribo.

Por ejemplo, el minero Miguel María Ximenez, temeroso por la llegada de los cabecillas, solicitaba desde de la villa de Saltillo que el caudal recaudado en la junta de arbitrios y depositado en la caja real de la misma villa se destinara al giro minero de Real de Catorce, ya que este se vio varado por la revolución y si se suspendiese inmediatamente entraran en desorden los ocho mil operarios de Catorce, los cuales para subsistir, no tenían otro haber, que su jornal diario32.

A pesar de la situación de incertidumbre económica y social que se vivía en la Nueva España debido a la guerra de Independencia, en Real de Catorce, los vecinos pudientes dedicados a la minería siguieron apostando por la explotación de la plata. En lo que respecta a las consecuencias de dicha guerra, los efectos económicos y sociales más graves surgieron durante el año de 1811, cuando se presentaron los cabecillas insurgentes, en Matehuala, Cedral y Real de Catorce, como, fueron los casos de Mariano Jiménez, quien engrosó sus filas con mineros de la mina “La Concepción” lo que provocó el paro de labores.

Durante la estancia de Miguel Hidalgo, se presentaron saqueos y asesinatos a los europeos de Matehuala y Cedral, a cargo del cabo Leitón, personaje que acompañaba a Hidalgo en su cuadrilla. También durante este año se presentaron los episodios bélicos entre realistas y los insurgentes Fray Juan de Villerías, quien perdió la vida en la batalla de Matehuala y Bernardo Gómez de Lara, quien también junto con su cuadrilla cometieron asesinatos y saques a los españoles. Los años subsiguientes de 1812 hasta 1826 el trabajo minero continuó su curso, sin embargo, ya no tuvo la producción minera que se explotó a finales del siglo XVIII y durante los años primeros diez años del siglo XIX.

Entre los vecinos pudientes con mayor participación económica durante los años de guerra, destaca D. J. Gordoa, Francisco Javier Aguirre, Ignacio Obregón, Ildefonso Díaz de León, quienes apostaron su capital en la explotación de las minas, Concepción, Refugio, La purísima, Dolores Trompeta y La Luz. En 1817 se formó una empresa para trabajar la veta de Dolores Trompeta33.

El hecho de que los vecinos pudientes siguieran apostando por la explotación minera en Real de Catorce, influyó en la actividad laboral y la aparente tranquilidad de este lugar, ya que durante los años de 1812 a 1821, los operarios mineros protegían su trabajo, al ser ellos miembros de la División de Real de Catorce.

Entre los vecinos pudientes con más inversión en la minería en Real de Catorce, destacan, D. J. Gordoa, quien fue miembro del ayuntamiento de dicho lugar además de tener haciendas de beneficio en Matehuala, trabajó entre otras minas, La mina del Refugio y entre 1804 y 1806 adquirió más de un millón de pesos. Las alianzas entre los empresarios mineros en Real de Catorce, fue una de las estrategias para aprovechar y explotar la riqueza minera, por ejemplo; Antonio Gordea y Francisco Miguel de Aguirre quien era administrador de hacienda de beneficio en Vanegas, e Ignacio Obregón, sobrino del conde de la Valenciana de Guanajuato, trabajaron La Concepción desde 1787, con buenos resultados. Durante los dos primeros años de la insurgencia en esta mina se pararon las labores, sin embargo, cabe señalar que la esperanza en este mineral fue grande a tal grado, que los mismos empresarios mineros Francisco Miguel de Aguirre e Ignacio Obregón y el Lic. Gordea acordaron traer una máquina de vapor, para desaguar dicha mina, para esto se celebró un contrato con la casa de Gordon y Murphy34.

Asimismo Ildefonso Díaz de León, como presidente del ayuntamiento de Real de Catorce en 1819 informaba al intendente sobre un posible proyecto para fundar una casa de moneda en la capital de San Luis Potosí, sobre la cual se pudiera amonedarse las platas de Real de Catorce de igual manera como se hacía en la Casa de Moneda de México. Sobre esta petición se manifiesta que la producción anual de las minas catorceñas ascendía a los tres millones anuales35.

Es importante señalar que en Real de Catorce el trabajo minero sobrevivió gracias a la inversión de mineros en su mayoría peninsulares residentes en Catorce, Cedral y Matehuala, asimismo, había vecinos pudientes de la capital potosina, que también tenían inversiones en este rubro. Como Manuel de la Gándara y Silvestre López Portillo, quien ocuparía la primera diputación minera en Real de Catorce, en 177936.

Según, el historiador Brian R. Hamnett, los minerales de Sombrerete, Zacatecas y Real de Catorce, si bien disminuyeron su producción, fueron los menos afectados por la guerra civil, esto debido a que fueron lugares en donde se presentaron menos episodios de guerra y sólo fueron asediados por insurgentes durante 1810-1811, contario a los centros mineros del sur y cercanos a la ciudad de México, como Pachuca, Zimapán, Sultepec, que fueron abandonados37.

Entre los vecinos pudientes que tuvieron el control económico de las tres poblaciones durante 1776 a 1821 destacan en Real de Catorce, Ildefonso Díaz de León, Francisco Miguel de Aguirre, Martín Matías y Aguirre, George Parrodi, Lic., Gordea. Mientras tanto, en el valle de Matehuala, sobresalen algunos miembros de la familia Medellín, entre ellos José Candelario Medellín y Gabriel Medellín quienes controlaban gran parte de las haciendas de beneficio y comercios de este valle. En la siguiente tabla apunto a los vecinos que tuvieron mayor presencia económica, en las tres poblaciones.

Sobre las relaciones económicas y sociales de algunos vecinos pudientes de Real de Catorce, Cedral y Matehuala, destaca la de Francisco Miguel de Aguirre con Manuel Jerónimo de la Gándara, tío de Francisca de la Gándara quien se casó con Félix María Calleja. Francisco Miguel de Aguirre fue el administrador de la hacienda de Vanegas, propiedad de la familia Gándara.

No obstante, Francisco Miguel de Aguirre además de administrar la ex Hacienda de Vanegas, también invirtió en el rubro minero, por ejemplo Miguel de Aguirre se asoció con el coronel Ignacio Obregón, heredero del conde de la Valenciana en Guanajuato y trabajaron la mina la Concepción con buenos resultados39.

Debido a los excelentes resultados económicos que obtuvo de la minería don Francisco Miguel de Aguirre, llegó a Real de Catorce, su sobrino Matías Martín y Aguirre a la edad de 15 años procedente de Navarra, de Uztárroz, en el valle de Roncal. Matías Martín y Aguirre se encargó de administrar parte de los negocios de su tío, como lo fue la mina de Concepción y San Miguel.

Matías Martín y Aguirre, además de destacar en el rubro minero también pasó a la historia por su lucha contrainsurgente, ya que se unió al ejército de Félix María Calleja, para combatir a los insurgentes, hasta convertirse en jefe realista de la provincia de Valladolid hoy Morelia, Mich, además de ser diputado en las últimas Cortés de Cádiz en 1822.

Otro caso que destaca de vecinos que participaron en la guerra contra los insurgentes, y que hicieron fortuna monetaria en el valle de Matehuala es del Antonio Elozua, originario del Reyno de Castilla quien estuvo casado con María Luisa Parrodi Bernal Lobo, hija de Francisco Parrodi, de origen Genovés. Francisco Parrodi poseía haciendas de beneficio en Matehuala y era de los vecinos más acaudalados en este valle, al igual que su hermano George Parrodi, minero de Real de Catorce. No obstante, Antonio Elozua, se encargó de los bienes de su suegro cuando éste murió. Posteriormente, tanto las haciendas de metales y las huertas de los Parrodi en Matehuala pasaron a manos de su hijo José Félix Elozua40.

Citando el caso nuevamente de Ildefonso Díaz de León fue otra figura que emergió de la riqueza minera de Real de Catorce, amigo personal de Félix María Calleja, Díaz de León fue miembro de la Junta Seguridad de Real de Catorce en 1810-1811 fue diputado de Minería del mismo partido y también fue subdelegado, abogado de las Reales Audiencias y del Real Colegio de las cortes de México y fue electo para la Diputación provincial de San Luis Potosí en 1814.

Destaca que el ascenso político mayor de Ildefonso Díaz de León fue durante los primeros años del México independiente, ya que el 4 de marzo de 1823 ya radicado en la ciudad de San Luis fue designado Jefe Político y pasó a ser el primer gobernador del Estado en 1824. Dicho personaje murió el 29 de julio de 182841. Cabe señalar, que Ildefonso Díaz de León firmó la adhesión al Plan de Iguala, en Real de Catorce, el 7 de junio de 1821.

También se puede observar que gracias la bonanza minera de Real de Catorce, los vecinos pudientes además de tener el control económico de la región también lograron posicionarse en los principales puestos político de sus ayuntamientos.

Es importante subrayar que los mineros más prominentes de Real de Catorce, también tuvieron nexos comerciales de forma clandestina con rescatadores o compradores de metales en Estados Unidos, intercambiaron mineral por productos norteamericanos, como ropa, armas y licores. Entre los vecinos pudientes, que tuvieron intercambio comercial con los norteamericanos. También figuran Francisco Xavier Martín e Ildefonso Díaz de León, quienes mercadeaban con los hermanos Didier de Baltimore42.

En este sentido, con el fin de acabar con el fraude fiscal en esta región, uno de los administradores de rentas de reales propuso al gobierno virreinal que se vigilara la villa de Tula, lugar por donde transitaban, además que se destruyeran todas la fundaciones existentes en Catorce, Cedral y Matehuala, con el fin de obligar a comerciantes y mineros a trasladarse a San Luis Potosí43.

Sobre el tráfico de metales de Real de Catorce a Estados Unidos, los oficiales reales de la Caja de San Luis Potosí informaron en 1818 que las arcas estaban totalmente vacías. Según la historiadora María Eugenia Romero Sotelo, los comerciantes establecidos en Matehuala y Cedral compraban sus platas a los mineros, y comerciaban con compradores de Estados Unidos, lo cual generaba la evasión de impuestos a la Corona. Estos comerciantes fundían la plata en las fundiciones que existían en Real de Catorce, Matehuala y Cedral y después para no pagar los derechos, sacaban la plata clandestinamente hacia Tampico, vía Altamira, por un atajo que conocía el arriero Víctor Aguilar.

Otro de los mineros que hizo fortuna en el mineral de Real de Catorce y precisamente tuvo pugnas con Don Ildefonso Díaz de León, fue don Nicolás Zapata, estos dos personajes tuvieron disputas por la Diputación de Minería de Real de Catorce. Sin embargo, Díaz de León acudió a Calleja quien tenía la facultad como autoridad judicial en la Intendencia de San Luis, Calleja abogó a favor de Díaz de León, como diputado de minería. Cabe señalar que Nicolás Zapata tuvo haciendas de beneficio en Cedral y también fue dueño de la mina San Agustín. Se puede suponer que la confrontación de Nicolás Zapata con Ildefonso Díaz de León, quien era de los vecinos más prominentes económicamente de la región, además tenía relaciones con funcionarios de la corona de alto nivel, como Félix María Calleja. Esta situación tal vez originó que Zapara apoyara el movimiento insurgente encabezado por el cura Hidalgo.

Acerca de Nicolás Zapata representaba el punto opuesto de la contrainsurgencia ya que simpatizó con el movimiento de Miguel Hidalgo, y se unió a los rebeldes insurgentes fray Juan de Villerías y al lego Herrera en San Luis Potosí. Nicolás Zapata también fue aprehendido en Acatita de Baján y fusilado en Chihuahua el 6 de junio de 1811.

Comentarios finales

La abundancia minera, sin duda influyó en la protección de los intereses económicos que reinaban a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. De tal forma, que al momento de la insurrección de Dolores, los vecinos que controlaban la minería, las haciendas de beneficio, agrícolas y ganaderas, además del comercio protegieron sus intereses económicos, sabedores de los saqueos y excesos ocurridos en Guanajuato.

En este breve escrito más que narrar episodios bélicos y anécdotas de la historia patria, creo que es importante reflexionar sobre los momentos de choque social, político y económico, que han formado parte del proceso de construcción de la vida nacional. En este sentido, el interés radica en comprender cómo percibieron los mineros, hacendados y comerciantes, en su mayoría controlado por los peninsulares el movimiento insurgente, al cual en todo momento lo condenaron como enemigos de Dios y del Rey.

En este sentido, se puede señalar que dicho movimiento rompió cierto orden político, económico y social, a su vez derivó en odio hacia los peninsulares, al cual se sumó la clase oprimida durante la guerra.

No obstante se puede pensar que el movimiento insurgente pudo debilitar sus intereses económicos en dichas poblaciones, sin embargo, en algunos casos esta coyuntura política, económica y social también favoreció sobre todo a las élites que tenía el control económico de la región.

Como punto final este artículo también convoca al reconocimiento de los distintos procesos históricos de los pueblos del norte potosino, lo cuales han sido poco trabajados dentro de la historiografía nacional y regional.

1 Para Roger Chartier, la historia cultural aborda el estudio de las representaciones y los imaginarios junto con el de las prácticas sociales que los producen; también se ocupa por los modos de circulación de los objetos culturales, citado por Peter Burke en “La Historia Cultural y sus Vecinos” en Alteridades, enero-junio, año/vol. 17, número 033, 2007. Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa Distrito Federal, México, pp. 111-117
2 Burke Peter, “Qué es la historia cultural” Ediciones Paidós Ibérica, S.A. 2006, p, 15.
3 Van Young Eric, La otra rebelión. La lucha por la independencia de México, 1810-1821, México, FCE, 2006.
4 Landavazo, Marco Antonio Guerra y violencia durante la revolución de Independencia de México. TZINTZUN • Revista de Estudios Históricos • Nº 48 • julio-diciembre de 2008 • p.28.
5 Serrano Ortega, José Antonio, Jerarquía territorial y transición política. Guanajuato, 1790-1836, Zamora-México, El Colegio de Michoacán-Instituto de Investigaciones Doctor José María Luis Mora, 2001.
6 Ortiz Escamilla, Juan, Las élites de las capitales novohispanas ante la guerra civil de 1810, Historia Mexicana, Vol. 46,núm, 2, octubre-diciembre de 1996, pp. 325-357.
7 Serrano reconoce a las jerarquías territoriales como mineros y hacendados, de Guanajuato, en tanto los patricios urbanos, fueron aquellos que además de tener negociaciones mineras, formaban parte de la administración pública de la Intendencia de Guanajuato.
8 Rodríguez Barragán, Nereo, Historia de la guerra de independencia en la Provincia de San Luis Potosí. San Luis Potosí, Sociedad Potosina de Estudios Históricos, 1976.
9 Para los vecinos pudientes de Matehuala, Cedral y Real de Catorce, los insurgentes eran enemigos de Dios y del rey, además representaban la maldita semilla, del desorden, de la rapiña, y de la perversidad.
10 García, Genaro "El Clero de México y la Guerra de Independencia", en. Documentos Inéditos o muy raros para la historia de México. Biblioteca Porrúa No. 60. Editorial Porrúa. México, 2004, pp, 474-476.
11 Ídem
12 AGN. Instituciones Coloniales, Real Audiencia, Infidencias, expediente 23, 1811.
13 Montejano y Aguiñaga, Rafael, Real de Minas de la Purísima Concepción de los Catorce, op. cit, pp, 16-17.
14 Ibíd., p 16-19.
15 Ídem.
16 Ídem.
17 Montejano y Aguiñaga, Rafael, Real de Minas de la Purísima Concepción de los Catorce, op. cit, pp, 6-21.
18 Ídem.
19 Mapoteca Manuel Orozco y Berra.
20 AHESLP, Intendencia de San Luis Potosí, 1812.2
21 Antonio Serrano José Antonio, 2003, Un impuesto liberal en una guerra contrainsurgente: Las contribuciones directas en la Nueva España, 1810-182, op cit, pp, 12-13.
22 Montejano y Aguiñaga, Rafael, Real de Minas de la Purísima Concepción de los Catorce, op. cit, pp, 6-21.
23 AGN. Instituciones Coloniales, infidencias, exp, 063, caja 4721. 1811
24 Rodríguez Barragán Nereo, “Matehuala en la Guerra de Independencia”, op cit, pp10-11
25 Rodríguez Barragán Nereo, “Matehuala en la Guerra de Independencia”, en Letras Potosinas, op cit, pp, 10-11
26 García, Genaro "El Clero de México y la Guerra de Independencia", en. Documentos Inéditos o muy raros para la historia de México. Biblioteca Porrúa No. 60. Editorial Porrúa. México, 2004, pp, 474-476.
27 Ibíd., p. 474-476.
28 AGN. Instituciones Coloniales, Operaciones de Guerra, exp, 050, caja 4936, 3 fs, 1811.
29 Montejano, y Aguiñaga, Rafael, Real de Minas de la Purísima Concepción de los Catorce, op. cit, pp, 17...
30 Hamnet R. Brian, Revolución y contrarrevolución en México y el Perú, (Liberalismo, realeza y separatismo1800-1824) Fondo de Cultura Económica, 1978, p 84.
31 Ibíd., pp 84-85.
32 AGN. Instituciones Coloniales, infidencias, exp, 063, caja 4721. 1811
33 Gámez Moisés, “Empresarios de la minería catorceña en el siglo XIX.” En Revista Vetas El Colegio de San Luis, año III, núm. 7, enero-abril, 2001, pp, 51-52.
34 Iturriaga N. José, Viajeros extranjeros en San Luis Potosí. Editorial Ponciano Arriaga, Instituto de la Cultura, 2000, p, 123.
35 AHESLP, Intendencia de San Luis Potosí, exp, 9, 1820.1
36 Montejano y Aguñaga, Rafael. Real de Minas de la Purísima Concepción de los Catorce, op. cit, 1975, pp, 47-48.
37Hamnet R. Brian. Revolución y contrarrevolución en México y el Perú, (Liberalismo, realeza y separatismo1800-1824), op cit, p 209.
38 Montejano, y Aguñaga, Rafael, Real de Minas de la Purísima Concepción de los Catorce, op. cit, pp, 1-30.
39Montejano y Aguiñaga, Rafael, Real de Minas de la Purísima Concepción de los Catorce, op. cit, 1975, p 95-96.
40 AHESLP. Alcaldía Mayor de Charcas, 1816.
41 Montejano, y Aguñaga, Rafael, Real de Minas de la Purísima Concepción de los Catorce, op. cit, p 72-73.
42 Corbett M. Barbara, “Soberanía, elite política y espacios regionales en San Luis Potosí”, en Secuencia. Revista Americana de Ciencias Sociales, Instituto Mora, núm. 15, sep-dic de 1989, México, pp. 7-27.
43 Sotelo Romero, Eugenia María, Minería y Guerra, La economía de Nueva España, 1810-1821. El Colegio de México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1997, p 134.

Bibliografía y fuentes

Archivos consultados:

• Archivo General de la Nación (AGN) • Instituciones coloniales: • Causas de Guerra, 1810 -1815 • Infidencias, 1810-1821 • Archivo Histórico de San Luis Potosí (AHSLP) • Intendencia de San Luis Potosí, 1810-1821 • Causas de Guerra, 1810-1821 • Alcaldía Mayor de Charcas, 1772-1821 • Archivo Histórico de Real de Catorce • Diputación de Minería, 1776

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  • Cuauhtémoc #201
  • CP 78700
  • Matehuala, San Luis Potosí